Centremos la discusión: Delimitar
y definir el tema del debate.
Es conveniente dejar pronto establecida la tesis que queremos defender. Eso nos
servirá como referencia para ceñirnos a lo esencial, y como eje sobre el que
centrar la discusión si el adversario intenta llevar la discusión a otros
terrenos, pues en los debates sobre drogas hay tendencia a mezclarlo todo. Hay
que evitar las celadas: si intentamos mostrar lo dañino que resulta meter a
gente en la cárcel por plantar marihuana, no debemos acabar discutiendo si la
heroína debe o no venderse en los supermercados. Hay que centrar la cuestión y
reencauzar el debate tantas veces como haga falta: "Ésa es una cuestión
interesante y me encantará poderla discutir contigo en algún momento, pero de
lo que ahora estamos hablando es de..."
Un buen punto de partida podría ser algo parecido a esto.
La prohibición del cannabis
es ineficaz, pues no consigue sus propósitos de detener el consumo.
es dañina, pues añade problemas a los que pretendía resolver y criminaliza a
los usuarios.
es absurda: sólo un experimento social fracasado que perdura por inercia
histórica, sin que pueda sostenerse desde ninguna base científica.
Así pues, las preguntas clave en un debate sobre la legalización de la
marihuana son:
¿Debemos encarcelar o perseguir policialmente a quienes producen, venden o
consumen cannabis?
Aun asumiendo la posible existencia de riesgos en su consumo, ¿justifican éstos
el uso de la policía, el ejército, la justicia y la cárcel para evitarlos? ¿No
sería más razonable regular que prohibir?
¿Cuáles son los efectos colaterales de la
prohibición por lo que respecta a la salud, los derechos civiles, la corrupción
del aparato estatal, etc.?
Cuestiones-trampa que conviene evitar.
Hay aspectos del debate en lo que es inútil y contraproducente enzarzarse con
el adversario. Ponerse a debatir sobre porcentajes, sobre resultados de
informes o sobre declaraciones a favor en contra de tal o cual experto,
acostumbra a no llevar a ningún lado. No quiero decir que no sean aspectos
interesantes o debatibles. Simplemente advierto de que son terrenos cenagosos,
en los que es fácil perderse sin avanzar hacia los puntos importantes.
Algunos ejemplo de cuestiones-trampa
La trampa de la no inocuidad
¿El cannabis es inofensivo o peligroso?. Es un debate estéril, y el mismo hecho
de entrar en el juego, implica la aceptación tácita de que, si entrañara algún
peligro, debería prohibirse. Cómo en muchas otras facetas de la vida, se trata
de conocer y manejar los riesgos. Es esta una de las trampas más utilizada por
los prohibicionistas: centrar la discusión en potenciales riesgos sanitarios,
psicológicos, etc., como si la causa de la prohibición fuera sanitaria y no
moral.
Es importante entender el peligro que comporta encerrarse en la discusión sobre
la inocuidad del cannabis o de cualquier otra cosa. El concepto de inocuidad no
existe, sólo el de grado de peligrosidad tolerable.
La trampa de las estadísticas, los estudios y las investigaciones
Muchos debates acaban convirtiéndose en una cita constante de informes y contra
informes, de estadísticas y contra estadísticas. Para cualquier necedad,
podremos encontrar cifras y estudios que la avalen, principalmente si no hay
tiempo ni posibilidad de contrastarlos públicamente. Recordemos que, según una
frase popular, mucha gente utiliza las estadísticas del mismo modo que los
borrachos las farolas, no para iluminarse sino para sostenerse. Y recordemos
también que todo lo anterior nos lo pueden aplicar a nuestras citas. Por otra
parte, disponemos de suficientes argumentos como para justificar nuestra
posición más allá de los datos estadísticos o médicos.
Argumentos cortos y poderosos.
En un debate, el tiempo es un elemento estratégico esencial. Tengamos presente
que hemos de dirigirnos a quienes NO piensan como nosotros, y no asumen, por
tanto, las mismas cosas que nosotros podemos dar por sentadas. Debemos intentar
usar argumentaciones que introduzcan elementos contundentes y que, cuando
menos, siembren la duda respecto al enfoque que se da actualmente a esta cuestión.
Algunas ideas básicas:
Los males de la prohibición.
Tiene que quedar claro, no sólo que la prohibición es injusta e inefectiva,
sino que, además, tiene enormes costes y genera enormes problemas. La siguiente
es una pequeña lista de ellos:
Adulteraciones. La legalización permitiría conocer exactamente qué se consume,
de qué calidad es, y evitar los adulterantes que contiene el hachís procedente
del mercado negro. Este es un ejemplo de cómo la prohibición atenta contra la
salud pública que dice defender.
Dificultad de acceso de los enfermos La prohibición provoca que Un producto
usado en medicina desde hace miles de años, y de reconocida utilidad para
enfermos de cáncer, SIDA o esclerosis múltiple, quede restringido al mercado
negro con los riesgos que eso conlleva.
Mezcla de mercados Al unificarse en un mismo mercado negro todo tipo de tráfico
de drogas, se propicia el paso del consumo de marihuana a sustancias de más
riesgo. Se cumple así la teoría de la escalada que se pretendía evitar.
Narcotráfico. La legalización, única manera de acabar con él, quitaría dinero y
poder de las manos de las mafias y del crimen organizado que ahora explotan el
negocio de las drogas justamente porque es ilegal.
Corrupción de los estados. Los enormes intereses económicos generados por la
situación de ilegalidad, corrompen e implican con facilidad a los mismos
aparatos estatales que deberían, teóricamente, luchar contra el narcotráfico.
Atentados contra los derechos civiles. Registros y detenciones sin autorización;
intromisión en los domicilios privados; conculcación de los derechos
individuales.
El argumento de la represión y la cárcel
Tiene que quedar claro siempre que el oponente, vista como vista sus
argumentaciones, está proponiendo meter gente en la cárcel. Algunos sólo
meterían a quien comercia con grandes cantidades, otros a quien planta una
maceta o, sencillamente, a quien se fuma un porro. Recordar los efectos reales,
dramáticos, que tiene esta política en miles de personas. Ante las posibles
respuestas del tipo "Hoy en día nadie va a la cárcel por fumarse un
porro", hay que responder recordando que, en España, son detenidas más de
sesenta mil personas al año acusadas de comerciar con cannabis (en EE.UU. hay
700.000 detenciones anuales), que vender 1.000 ptas. de hachís a un colega es
delito y que hay fiscales que piden penas de prisión para quien ha plantado
diez plantas en su jardín. Desde 1994, en los últimos 8 años, el número de
detenidos se ha incrementado en más del 600%.
Los riesgos: pongamos las cosas en su sitio
No hay que defender que el uso de cannabis esté libre de riesgos. Esta línea de
argumentación es fácilmente atacable. De lo que se trata es de exponer que no
hay actividad humana libre de riesgos y mostrar cómo los asociados al cannabis
son muy inferiores a cualquiera de los que la sociedad asume normalmente como
perfectamente aceptables. En particular, los riesgos asociados al cannabis son
ridículos comparados con los del alcohol o el tabaco.
Basta de especulaciones teóricas: El ejemplo holandés
Podemos especular sin límite sobre los efectos sociales que tendría una
supuesta legalización que permitiera comprar y consumir marihuana a cualquier
adulto, pero en este caso la especulación es baladí, pues el ejemplo holandés
nos muestra, tras veinticinco años de práctica, los efectos reales de dicha
legalización. En Holanda la venta de cannabis está legalizada ‘de facto’ desde
hace veinticinco años. Pues bien: ni los índices de consumo se han disparado
(siendo, de hecho, inferiores a los de países como Francia o EE.UU. donde las
políticas son muy represivas al respecto), ni se ha producido ningún problema
para la salud pública o la sociedad, como el propio gobierno holandés ha
reconocido recientemente. Además, al separar los mercados de drogas blandas y
drogas duras, han conseguido un descenso del número de usuarios de estas
últimas. España, por ejemplo, triplica el número de heroinómanos de Holanda, y,
en general, las cifras de consumo allí son inferiores a la media europea. Por
otra parte, los usuarios pueden disponer de un producto de mayor calidad y sin
adulterantes. Recomiendo acudir al artículo que publiqué en el numero 4 de la
revista Cáñamo, "Experimento Holanda", comentando el informe del
gobierno holandés sobre drogas.
El auto cultivo como alternativa provisional a la prohibición.
El auto cultivo permite a los usuarios autoabastecerse sin tener que depender
de las redes de tráfico de hachís que enriquecen a las mafias y a las redes de
corrupción estatales. También posibilita disponer de un producto sin adulterar,
de mayor calidad y con menores riesgos para la salud. El hachís que circula en
nuestro país, procedente de Marruecos en su mayor parte, está frecuentemente
cortado con goma arábiga, clara de huevo, etc. Los productos de la combustión
de estos adulterantes son, gracias a la actual política de defensa de la Salud
Pública, mucho más dañinos que la marihuana.
El uso medicinal de la marihuana
Que la marihuana tenga una utilidad reconocida para aliviar los síntomas
asociados a determinadas enfermedades, no es en si mismo un argumento para
legalizar su uso, recreativo. Pero las repercusiones que la prohibición tiene
en los enfermos si que sirven para exponer el absurdo cruel en que se
fundamente la persecución del cannabis. Miles de pacientes en todo el mundo se
ven condenados a tener que buscar en el mercado negro una sustancia que les
ayuda a sobrellevar sus enfermedades y a ser criminalizados por ello,
curiosamente en nombre de la Salud Pública.
Es mejor evitar los argumentos complejos.
No suele resultar práctico usar argumentaciones complicadas o que requieran de
muchos conocimientos previos para ser entendidas. Los argumentos históricos
suponen un arma de doble filo y sólo deben emplearse si se dominan bien.
Resulta muy útil, si se tiene tiempo, mostrar cuáles eran los principios
ideológicos de la prohibición, mostrando que tenían una base moral más que
sanitaria. También se puede hacer ver que muchos de los problemas actuales no
existían antes de la prohibición porque es ésta quien los ha generado. Por el
contrario, algunos oyentes pueden pensar que hablar del pasado es absurdo y que
las discusiones al respecto son puramente académicas. Se les puede recordar
que, según una célebre frase, quien no aprende de la historia está condenado a
repetirla.
Conozcamos las razones (o sinrazones) de los adversarios.
Para vencer al enemigo hay que conocerlo. Hay que tener interiorizados sus
argumentos, a fin de poder detectar las falacias bajo cualquiera de sus formas
y tener preparadas las respuestas pertinentes. Sin pretender ser exhaustivo, el
siguiente es una breve resumen que puede servir de recordatorio a los
argumentos esenciales usados para mantener la prohibición.
El consumo de cannabis tiene asociados graves problemas de salud.
Los grandes informes sobre el cannabis, la experiencia de millones de
consumidores y el ejemplo holandés, desmienten eso. Los riesgos son menores y
en ningún caso justifican los métodos represivos actuales.
El cannabis propicia la escalada a drogas más fuertes.
La experiencia holandesa desmiente este hecho. Por otra parte, lo que sí
favorece la escalada es la desinformación, el tratamiento de todas las drogas
por igual y la ilegalización, que crea un mercado negro único para muchas de
las drogas prohibidas.
Síndrome a motivacional
Ninguna base científica. Los estudios antropológicos lo desmienten y los
ejemplos aducidos normalmente no demuestran ninguna relación de causa-efecto.
Serían más peligrosas las calles y las carreteras
Dos razonamientos:
La supuesta peligrosidad iría, en cualquier caso, asociada a los índices de
consumo, no a su situación de legalidad o ilegalidad. Ya hemos comentado que la
experiencia demuestra que la legalización no conlleva un incremento notable del
consumo ni, a su vez, la prohibición equivale (todo lo contrario) a una
reducción del uso.
Por otra parte, estudios sobre conducción y cannabis encargados por las
autoridades de tráfico de Australia, Gran Bretaña o Francia, entre otros,
muestran que no hay relación entre el consumo y la siniestralidad y que, de
hecho, los conductores que han fumado cannabis se muestran más prudentes en la
conducción.
Con las drogas legales ya es suficiente.
La principal falacia de este argumento es que, como se ha visto, prohibir una
droga no implica que desaparezca o que deje de usarse, sino que se generan
problemas nuevos que antes no existían. Cuando se intentó prohibir el alcohol,
durante la Ley Seca, también resultó peor el remedio que la enfermedad.
No hay que evadirse de la realidad y para divertirse no hacen falta drogas.
Discutir sobre si es necesario o no el uso de cannabis es una pérdida de
tiempo. Por supuesto que nadie necesita fumar marihuana, cómo nadie necesita
ver la tele, ir al fútbol o escuchar a Bach. Se trata, pura y simplemente, de
una cuestión de libre elección. Para defender su legalización ni siquiera es
necesario consumirla. No se trata de que nos guste o no lo que alguien toma o
deja de tomar, sino de defender su derecho a hacerlo sin intromisiones inútiles
y crueles del estado.
El consumo aumentaría inevitablemente.
Falso. La experiencia holandesa lo desmiente. Además, la prohibición incrementa
la atracción de los sectores más jóvenes. En cualquier caso, si aumentaría con
la legalización es especular, que con la prohibición aumenta es un hecho.
El cannabis provoca dependencia.
No existe dependencia fisiológica por consumo de cannabis.
Por lo que respecta a la potencial dependencia psicológica, hay que poner en
cuestión el concepto en sí. ¿A qué nos referimos? Cualquier actividad que nos
guste o resulte placentera generará un vinculo psicológico: sea el sexo, el
fútbol o los conciertos, lo cierto es que cuando algo agrada se tiende a
repetirlo. Pero la experiencia demuestra, y todos los grandes estudios lo avalan,
que la inmensa mayoría de usuarios usan de la marihuana de manera no
compulsiva, y, en muchísimos casos de forma discontinua y esporádica.
Todos los estudios sitúan el potencial adictivo del cannabis muy por debajo del
alcohol, el tabaco o incluso el café
Tenemos
que proteger a los niños y a los jóvenes.
No es una buena ayuda tergiversar los hechos con el fin de asustar, creando con
ello una atracción artificial hacia lo prohibido. Tampoco es una buena ayuda
dejar en manos del mercado negro los controles de adulteración y de pureza.
Asimismo, en una situación de prohibición, son los más jóvenes quienes tienen
más fácil acceso a lo prohibido, según muestran todas las encuestas. Además, en
los ambientes juveniles es donde más difícilmente puede infiltrarse la policía
y, por tanto, es un sector de la población muy seguro para los vendedores del
mercado negro.
La utilidad terapéutica del cannabis no está suficientemente demostrada
Las propiedades medicinales del cannabis están documentadas desde hace miles de
años, y se han venido usando en farmacia hasta bien entrado el siglo XX.
Además, la situación de prohibición ha dificultado la realización de estudios
formales. Por último, ante el testimonio de un enfermo que se dice aliviado
fumando marihuana, el resto de especulaciones son dilaciones crueles.
7. Seamos razonables: busquemos puntos de acuerdo con nuestro oponente.
Es importante demostrar que se entiende la postura del contrario aunque
discrepemos de ella radicalmente. No hay que aparecer como fanáticos o
chiflados anclados a filosofías existenciales extrañas. Hay que hacer entender
que desde la racionalidad, la objetividad y el conocimiento de los datos no
viciado por los prejuicios, la conclusión es inevitable: el cannabis no ha de
estar prohibido.
8. Ser conscientes de la fuerza moral y ética de nuestros argumentos.
Ser razonables no quiere decir que tengamos que mostrarnos avergonzados o
pidiendo tolerancia y comprensión. No estamos pidiendo limosna, sino
defendiendo lo que es justo. Aunque desgraciadamente no sea un argumento muy en
boga, se está defendiendo la libertad de elección del individuo contra la
tutela de Papá-Estado que queriéndonos hacer un bien nos crea más problemas que
los que intenta evitar. En consecuencia, son los prohibicionistas quienes
tienen que explicar bajo qué argumentos se atreven a atacar nuestra libertad
individual.
Además, al defender el fin de la prohibición, defendemos a las víctimas de la
misma y arrebatamos el poder económico de las mafias y organizaciones criminales.
9. No hay que defender el uso de drogas.
Si es posible, no deberíamos mezclar en nuestras argumentaciones el cannabis
con las otras drogas. Ciertas connotaciones, clichés y falsedades propiciadas
por la propaganda oficial hace que a algunas personas se les disparen todas las
alarmas cuando oyen hablar de cocaína, éxtasis, LSD, por no hablar de la
heroína.
No es útil para modificar las opiniones de la gente en este tema hablar de
cuánto ayudan las drogas a la realización personal, del autoconocimiento que
proporcionan o de lo bien que van para salir de marcha. Sin renunciar a que la
gente entienda que el uso de drogas, y sobre todo de cannabis, no se debe a una
voluntad de huida o autodestrucción, es suficiente de entrada con mostrar que
los remedios que el prohibicionismo propugna son peores que la enfermedad que
dice remediar.
10. Que demuestren sus argumentaciones: dejemos al descubierto los mitos.
Algunos prohibicionistas tienen tendencia, en los debates, a mentir y a
tergiversar los datos. Tanto si esta actitud es debida a la ignorancia como o a
la mala fe, no debemos dejar que queden en el aire sin contestación. Así, por
ejemplo, cuando alguien exponga como un hecho incontrovertible que el uso de
marihuana genera violencia en quien la usa, debemos preguntar: "¿Cómo
puede afirmar algo que ha sido sistemáticamente desmentido por todos los
grandes estudios sobre la cuestión, que la experiencia diaria de millones de
consumidores desmiente y que el ejemplo holandés, donde la marihuana se vende
libremente desde hace 20 años muestra que es falso? ¿Puede citar el informe o
el estudio en que se basa para realizar dicha afirmación?" Si, como es muy
probable, nuestro interlocutor es incapaz de citar, de manera concreta, un
estudio que haga referencia a su afirmación, nosotros debemos dejar constancia
que el contrario está dando por sentadas cosas de las que no dispone pruebas y
que la experiencia de millones de usuarios en todo el mundo niega.
Para terminar, quisiera animaros a debatir sin miedo sobre esta cuestión y a
defender públicamente el fin de la absurda prohibición. Razones y argumentos
nos sobran.
JORDI CEBRIÁN